Cómo ahorrar en calefacción sin pasar frío

Categoría: Ahorro en la factura de la luz y el gas

Ahorrar en calefacción no tiene por qué significar pasar frío en casa. La mayoría del ahorro no viene de «aguantar» con menos calor, sino de evitar que ese calor se pierda, de usar el sistema de forma más inteligente y de dirigirlo solo donde realmente hace falta. En este artículo repasamos las estrategias con mayor impacto, aplicables tanto si tu calefacción es de gas como eléctrica.

1. La temperatura ideal no es la más alta posible

La recomendación general de eficiencia energética sitúa la temperatura de confort en invierno entre 19°C y 21°C en las estancias donde pasas más tiempo, y algo menos (16-18°C) en dormitorios o zonas de paso. Subir por encima de ese rango no aporta una sensación de confort proporcional al consumo extra que supone: cada grado adicional puede incrementar el consumo de forma notable, así que merece la pena acostumbrarse a esa franja antes de pensar en subir el termostato como primera solución.

Truco práctico: si sientes frío a 20°C, antes de subir la temperatura prueba a abrigarte una capa más en casa (una manta ligera en el sofá, calcetines, un jersey fino) y comprueba si el problema es realmente la temperatura del aire o una sensación de frío por corrientes o superficies frías, que se resuelve de otra forma (ver punto 3).

2. No calientes toda la casa si solo usas una parte

Es habitual mantener la calefacción encendida en toda la vivienda cuando en realidad solo se ocupan una o dos estancias durante buena parte del día. Si tu sistema lo permite:

  • Cierra las válvulas o reduce el termostato de los radiadores en habitaciones que no uses.
  • Cierra las puertas de las estancias sin calefacción activa, para que no roben calor de las zonas climatizadas.
  • Si tienes un sistema por zonas o termostatos individuales, aprovecha esa flexibilidad para no calentar espacios vacíos.

3. Ataca las corrientes de aire y las pérdidas de calor

Buena parte de la sensación de frío en casa no viene de una temperatura ambiente baja, sino de corrientes de aire y superficies frías (ventanas, paredes exteriores) que enfrían el cuerpo por contacto o por radiación, aunque el termostato marque una temperatura razonable. Medidas de bajo coste con impacto notable:

  • Burletes en puertas y ventanas: sellan las rendijas por donde se cuela el aire frío, una de las causas más comunes de pérdida de calor en viviendas no muy nuevas.
  • Cortinas gruesas, bajadas al anochecer, que reducen la pérdida de calor a través del cristal, uno de los puntos más débiles del aislamiento de cualquier vivienda.
  • Alfombras en suelos fríos (especialmente si hay suelo de baldosa sin calefacción radiante), que reducen la sensación de frío por contacto y ayudan a retener el calor en la estancia.
  • Aislante reflectante detrás de los radiadores situados en paredes exteriores, para que el calor se dirija hacia el interior de la habitación en lugar de perderse hacia la pared.
  • Burlete bajo la puerta de entrada, un punto de pérdida de calor que se suele pasar por alto.

4. Programa la calefacción en lugar de encenderla y apagarla de golpe

Encender la calefacción a máxima potencia cuando ya hace frío en casa, y apagarla del todo al salir, es menos eficiente que mantener una temperatura moderada y constante durante las horas de uso:

  • Un termostato programable te permite bajar la temperatura durante las horas en que no hay nadie en casa (por ejemplo, 2-3°C menos) en lugar de apagar del todo, y que vuelva a subir automáticamente un rato antes de que llegues.
  • Evita los picos de encendido a máxima potencia desde muy frío: además de ser menos eficiente en muchos sistemas, tarda más en generar sensación de confort que mantener una temperatura base estable.
  • Un termostato inteligente añade una capa más de comodidad, aprendiendo tus horarios o permitiendo controlarlo desde el móvil si cambian tus planes, algo que desarrollamos en nuestra guía específica de termostatos inteligentes.

5. Ventila de forma eficiente

Ventilar es necesario para renovar el aire de casa, pero hacerlo mal puede desperdiciar buena parte del calor acumulado:

  • Ventila durante 5-10 minutos con las ventanas bien abiertas (ventilación cruzada si es posible), en lugar de dejar una rendija abierta durante horas. Una ventilación intensa y breve renueva el aire sin enfriar en exceso las paredes y muebles, que son los que realmente retienen el calor de la habitación.
  • Evita ventilar en las horas más frías del día si puedes elegir el momento; a media mañana suele ser más eficiente que a primera hora.

6. Ropa de cama e higiene térmica del hogar

Un edredón adecuado a la estación, ropa de cama de tejidos que retengan mejor el calor, y unas zapatillas de andar por casa, son medidas sencillas que permiten bajar el termostato uno o dos grados sin perder sensación de confort, especialmente por la noche, cuando de todas formas es razonable mantener una temperatura algo más baja que durante el día.

7. Revisa el mantenimiento de tu sistema de calefacción

Igual que ocurre con el aire acondicionado en verano, un sistema de calefacción mal mantenido rinde peor y consume más para el mismo resultado:

  • Purga los radiadores al inicio de la temporada, eliminando el aire acumulado que impide una circulación correcta del agua caliente.
  • Revisa la caldera (si la tienes) según la periodicidad recomendada por el fabricante.
  • Si usas una bomba de calor, limpia los filtros con regularidad, igual que harías con un aire acondicionado.

Lo tratamos con más detalle, específicamente para calderas de gas, en nuestro artículo sobre cómo ahorrar en la factura del gas natural.

8. Aprovecha el sol como calefacción gratuita

Durante el día, abrir las persianas y cortinas de las estancias orientadas al sol permite aprovechar el calor solar de forma gratuita, reduciendo la necesidad de calefacción activa en esas horas. Por la noche, en cambio, cerrar bien persianas y cortinas ayuda a retener ese calor acumulado durante el día.

Resumen: los tres cambios con más impacto

Si solo aplicas tres cosas este invierno:

  1. Mantén el termostato en 19-21°C, y resuelve la sensación de frío con burletes, cortinas y alfombras antes que subiendo la temperatura.
  2. No calientes estancias vacías: cierra puertas y reduce el termostato en habitaciones sin uso.
  3. Programa una temperatura reducida (no apagado total) durante las horas sin presencia en casa, en lugar de encender y apagar de golpe.

Estos tres cambios no requieren ninguna inversión relevante y suelen notarse ya en la primera factura del mes en que se aplican, sin sacrificar el confort en casa.


Los rangos de temperatura y porcentajes de ahorro mencionados en este artículo son orientativos y pueden variar según el tipo de vivienda, el sistema de calefacción y la zona climática.

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